Querido visitante y peregrino/a; bienvenido al Monasterio de Santo Toribio donde naturaleza, historia, arte y espiritualidad se dan la mano.
Deja que te acompañemos por este recorrido de siglos a los pies del monte Viorna, frente al imponente macizo oriental de los Picos de Europa. Lugar único por su espectacular riqueza natural, formada por bosques, ríos y montañas, que ofrecía así una singular protección natural al asentamiento de un pequeño grupo de monjes venidos aquí en el siglo VI con Toribio de Palencia en busca de soledad y silencio.

Un siglo antes (siglo V), hay otro hombre llamado Toribio de Astorga destinado a ocupar su parte en esta historia del monasterio. Toribio, dejando su ciudad natal de Astorga, peregrinó a Jerusalén donde permaneció por largo tiempo al ser nombrado Custodio de las Santas Reliquias (Lignum Crucis) que nos ponen en relación con los acontecimientos del año 33 en Jerusalén; la pasión y muerte de Jesús llamado el Cristo.
Con motivo de la invasión persa a la ciudad santa, Toribio salió a Roma llevando consigo la parte perteneciente a la cruz de Jesús. Estando en Roma el Papa san León Magno le nombra primer obispo de la diócesis de Astorga. Así, regresa a su ciudad natal como obispo y trayendo consigo la reliquia, la deposita en la Catedral de Astorga donde fue venerada. Fue en el siglo VIII y por motivo de la dominación árabe cuando la trajeron a este Santuario como lugar seguro.
Esto convirtió al monasterio en un importante centro de peregrinaciones. Esto propició que el Papa Julio II en 1512, concediese a este lugar el privilegio del Año Santo cada vez que el 16 de abril festividad de Santo Toribio coincidiera con domingo.
Volviendo al siglo VIII, y en este mismo monasterio, un monje llamado Beato, dotado de cultura excepcional, escribió el “Comentario al Apocalipsis” (año 776) que fue muy importante en aquel tiempo. Tan importante que fue copiándose en los distintos monasterios y adornándolo con unas láminas que van ilustrando la lectura del texto. Son los famosos “Beatos”, de incalculable valor, que se conservan en catedrales o Bibliotecas importantes de todo el mundo. Sus láminas reciben el nombre de “miniaturas” porque prevalece en ellas en color del minio. Se calcula que haya unos 26 códices desperdigados por todo el mundo. Son confeccionados entre el siglo IX y XIII, aunque puede haberlos también de siglo XVI. Al igual que San Juan en el Apocalipsis, la tesis que quiere difundir San Beato es que el Cordero vencerá a la Bestia: Cristo resucitado prevalecerá sobre el mal.

A lo largo de los siglos, el monasterio de Santo Toribio de Liébana estuvo habitado por monjes benedictinos. A causa de la Exclaustración de Mendizábal, en la que a los monjes se les arrebataron los terrenos, la comunidad desaparece en 1834 y hay que esperar al año 1961, en el que viene a habitarlo una pequeña fraternidad de frailes franciscanos herederos de San Francisco de Asís, el mismo que fuera traspasado por las llagas de la pasión haciéndose uno con la persona de Jesús al que tanto amó.
Es momento de acceder al templo por la portada principal de la iglesia que está en la plaza, si aún no lo has hecho.
Al pasar, a tu derecha, encontrarás la puerta del Perdón (resto románico de una iglesia anterior) y que se abre solemnemente para el Año Santo Lebaniego. Se celebra en los años en los que el 16 de abril, festividad de Santo Toribio, coincide con domingo. En ese día, se abre la Puerta del Perdón concediendo el Jubileo a todos los que aquí llegan. Todo el año es año de indulgencia y de perdón.
Al cruzar el umbral descubres la sobria y hermosa estructura de la Iglesia que es de transición del románico al gótico de estilo cisterciense (siglo XIII). Es la belleza de lo esencial; luz que se cuela en la nave por las ventanas, la piedra desnuda… El espacio que resulta es de gran sobriedad, a la par que bello y armonioso. La iglesia cuenta con tres ábsides.
Primeramente nos dirigimos al ábside lateral derecho presidido por una preciosa imagen de Santa María de los Ángeles (siglo XVI). Una imagen sin policromar que transmite gran dulzura y sensibilidad: Jesús niño acaricia el rostro de María su Madre.
En el ábside central el presbiterio está presidido por un bello icono de estilo umbro: Cristo crucificado con María su Madre y Juan el discípulo amado. El autor es Tomino Conti y tiene la particularidad de ser regalo del Papa Benedicto XVI a este monasterio como signo de su cercanía a todos los que aquí peregrinan.
En los capiteles de este ábside mayor puedes distinguir cabezas de santos y santas o de animales, como el buey y el oso, que según la leyenda ayudaron a Santo Toribio a construir la iglesia.
El ábside de la nave izquierda guarda una talla yacente de Santo Toribio realizada en madera de olmo con policromía original del siglo XIV. Transmite una profunda paz que nace de una belleza sin artificio.

Llegas a la Capilla del Lignum Crucis, único espacio notoriamente diferenciado en un templo que destaca por su unidad. La capilla es del siglo XVIII de estilo Barroco Colonial.
Destaca su cúpula en cuyas pechinas están representados los evangelistas y 8 signos de la Pasión que se repiten también en el baldaquino donde se expone la Cruz. La cúpula está coronada por un luminoso cimborrio octogonal cerrado por una corona de espinas. A la derecha del baldaquino se encuentra la estatua orante de Don Francisco de Cossío, arzobispo de Santa Fe de Bogotá e ilustre hijo de un pueblo cercano al monasterio que se llama Turieno, con cuya donación se levantó esta capilla.
En el baldaquino situado en el centro de la capilla, se venera el Lignum Crucis; Dios hecho hombre fue crucificado dando su vida por cada uno de nosotros.
Al pie de este solemne templete encontramos la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Es Cristo vivo, el mismo que dio su vida en la Cruz.
En referencia al Lignum Crucis, es el fragmento más grande conservado de la Cruz de Cristo cuyas medidas son 63 cm el palo vertical, por 39 el horizontal. En la actualidad el leño está serrado y puesto en forma de Cruz e incrustado en una cruz relicario de plata dorada del siglo XVI.
Pruebas científicas realizadas en 1958, verificaron que la madera del santo leño es un Cupressus Sempervirens L, una variedad de ciprés autóctona de Palestina y con una antigüedad superior a los 2000 años.
Estamos frente al misterio de la cruz. Para muchas personas la razón para no creer en Dios es la cruz, el mal, el dolor… En cambio, para nosotros, los creyentes la cruz, es el núcleo de nuestra fe. La “Gloria” que para nosotros es fuerza y seguridad, en Jesús crucificado aparece bajo la forma de la fealdad, debilidad, pobreza, deshonra… Es el amor indefenso ante el que se vuelve el rostro, pero tiene toda la fuerza del amor que se abaja y que decide cargar con el pecado del agresor.

El Padre no pone la cruz, la cruz es consecuencia del corazón endurecido. El Padre sí pone su presencia fiel también ahí y el hijo también ahora confía radicalmente ahí.
La cruz suscita preguntas a creyentes y no creyentes: ¿Qué clase de Dios es el Dios cristiano que su omnipotencia queda manifiesta en la más radical impotencia? ¡Todo fue por amor…!
Si eres creyente, adora el misterio: “Me amó y se entregó por mí”, “Mi Dios y mi todo” (S. Fco. de Asís). Si no lo eres, podría proponerte una oración no creyente: “Si existes manifiéstate”.
Antes de abandonar el templo, te invitamos a tener un rato de recogimiento y oración, en la Iglesia, en la capilla o en el sereno claustro herreriano y en cuyos muros cuelgan las reproducciones de los más relevantes Beatos. Si lo prefieres, puedes sentarte en silencio ante la acogedora presencia de Nuestra Madre, la Virgen María, y orar tal como te salga del corazón.
Y tú, peregrino, a quien tu fe y devoción te han hecho llegar hasta aquí, y antes de partir hacia tu hogar, puedes visitar las cercanas ermitas de San Miguel y Santa Catalina y contemplar los majestuosos paisajes que rodean este lugar. Escucha el silencio para sentir la Presencia del Creador.
Esperamos que tu visita haya sido grata.
Evangelio del día. EVANGELIZO / IBREVIARY
ROSARIO / VIA CRUCIS / VIA LUCIS
Franciscanos OFM / Diócesis de Santander
MISAS
Todos los días: 12:00
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«Ahora permanecen estas tres cosas; la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la CARIDAD.» (1 Cor. 13, 13)
Si puedes mucho; mucho. Si puedes poco; poco. Si no puedes nada; nada.
CUANDO SALGAS DEL TEMPLO, HAZ TU DONATIVO. DIOS TE BENDIGA.

PONERSE EN CAMINO
Dios mío,
ilumina las tinieblas de mi corazón,
y concédeme una fe que me guíe,
una esperanza que me sostenga,
y un amor que nada excluya.
Permíteme sentir quién eres tú, Señor,
y reconocer cómo cumplir tu mandato.
(San Francisco de Asís)
ORACIÓN DE LA PAZ
Señor, haz de mi un instrumento de tu Paz.
Donde haya odio, siembre yo amor.
Donde haya injuria, perdón.
Donde haya duda, fe.
Donde desaliento, esperanza.
Donde haya sombra, luz.
Donde haya tristeza, alegría.
Donde haya discordia, armonía.
Donde haya error, verdad.
¡Oh Divino Maestro!
Que no busque ser consolado, sino consolar.
Que no busque ser amado, sino amar.
Porque dando es como recibimos.
Perdonando es como Tú nos perdonas. Y muriendo en Ti, es como nacemos a la Vida Eterna.
(Oración atribuida a San Francisco de Asís)
