Querido visitante, eres bienvenido a la villa de Noja y a su iglesia de San Pedro. Este templo fue levantado gracias a la profunda fe y la gran devoción de las gentes de esta villa marinera a su santo patrón. A lo largo de los siglos ha sido visitado en busca de momentos de recogimiento y oración, tanto por sus parroquianos como por innumerables viajeros y peregrinos en su camino rumbo a Compostela.
No se tiene conocimiento de la historia de Noja antes del año 927, pero en cuanto a lo que a lugares sagrados se refiere, se tiene conocimiento de la existencia de la ermita de San Pedruco, ubicada en un islote cercano a la playa de Ris. De ello se deduce la gran veneración existente a San Pedro desde aquellos lejanos tiempos.
La iglesia parroquial de San Pedro no fue de patronazgo privado sino que fue edificada por el pueblo de Noja en los albores del siglo XVI sobre el lugar que ocupara un antiguo monasterio altomedieval, cerca del mar como la vida de sus fieles.
Se accede al pórtico por un arco de medio punto sostenido por columnas toscanas, donde, desde tiempos remotos, se ha celebrado el concejo de vecinos. La portada principal de la iglesia es una obra de cantería de gran calidad, se abre en arco de medio punto entre pilastras toscanas que sostienen el entablamento y el frontón triangular con remates de bolas. Crucemos el umbral del templo y comencemos nuestra visita. Bajo el coro se encuentra el baptisterio separado del resto del templo por una sencilla verja donde se halla la pila bautismal. El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, pórtico de la vida en el Espíritu y puerta de acceso al resto de sacramentos. Por el Bautismo que aquí se recibe somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegando a ser miembros de Cristo e incorporados a su Iglesia.
“En verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”
San Juan 3, 5

Ahora comencemos nuestro recorrido hacia la cabecera del templo. En la nave del Evangelio situada a nuestra izquierda, se encuentra la Capilla de María Fernández de Isla, un hermoso monumento funerario con esculturas orantes en una curiosa disposición diagonal mirando hacia el altar mayor, representan a Doña María y a su esposo, Don Gonzalo de Velasco y Castillo, señores de Isla y Noja respectivamente.Elconjunto fue labrado en torno al 1615 y es rematado por una cruz flanqueada con sus respectivos escudos de armas.
En el muro contrario a esta capilla, en la nave de la Epístola se haya la capilla erigida en 1635 por la Cofradía de la Santa Cruz, con gran raigambre en esta villa. En la bóveda de crucería las claves portan símbolos de la Pasión: Cruz, gallo, martillo, tenazas y clavo.Aquí se encuentra una sencilla efigie de la Virgen de los Dolores, la Madre del Señor doliente ante la Pasión y Muerte de su hijo. A sus pies advertimos un Cristo yacente de magnífica talla y con brazos articulados que, junto a la talla de La Dolorosa procesionan en la Semana Santa de la villa, por ello son imágenes de gran devoción y cariño entre los Nojeños. Al terminar los Oficios del Viernes Santo, los cofrades hacen el descendimiento de la imagen del Cristo colocada sobre una gran cruz en la cabecera del pasillo central.
En los muros laterales están distribuidos los relieves correspondientes a las XIV estaciones del VIA CRUCIS. En muchas ocasiones parece que el acompañamiento a Jesús en su Pasión y Muerte termina en el sepulcro, olvidando que al tercer día, Cristo resucitó y está vivo entre nosotros hasta el fin de los tiempos. VIA LUCIS
“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”
1 Corintios 3, 16
Proseguimos nuestro camino hasta llegar a la cabecera del templo. Antes de contemplar con detenimiento el retablo mayor, te sugerimos que te acerques a las dos capillas laterales construidas entre 1573 y 1576. Son las más antiguas después de la Capilla Mayor, que es la situada sobre el presbiterio y el altar. La primera, lado izquierdo, dedicada en principio a la Virgen del Rosario, la del lado derecho, a San Miguel Arcángel.
En esta nave derecha se encuentra el sugerente retablo dedicado al Arcángel San Miguel, que puede ser el primitivo retablo, aunque muy reformado en siglo XIX. Está presidido por un Crucificado, mientras que en la parte inferior advertimos la efigie de San Miguel que parece descender desde lo alto para subyugar al demonio que, bajo sus pies, en vano intenta parar la acometida del Príncipe de la Milicia Celestial. Escoltando la imagen principal, se encuentran las tallas de Santa Lucía,protectora de la vista, portando sus ojos, que según una tradición popular le fueron sacados en su martirio y San Roque que muestra las llagas de su pierna y es acompañado por un perro que le socorría en sus momentos de mayor necesidad, signo de la providencia divina y siempre incluido en la iconografía del santo. El conjunto es rematado por un lienzo donde se distingue a las Santas mujeres velando a Jesús después de ser descendido de la cruz. A los lados del retablo, sobre columnas, se hallan a derecha e izquierda respectivamente, las tallas de San Juan Bautista y San Antonio de Padua, este es uno de los pocos santos al que se le representa con el Niño Jesús en brazos.
En la nave opuesta, nave del Evangelio, se halla el retablo de San José, cuya imagen con el Niño Jesús en sus brazos ocupa el nicho central, siendo acompañado a su izquierda por Nuestra Señora del Rosario que sostiene en su regazo a su hijo y adelanta su brazo derecho acercándonos el rosario. En la parte inferior dos tallas contemporáneas de bella y fina factura del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María completan el conjunto. Junto a ellos, fuera del retablo, sobre columna, vemos la imagen de San Francisco de Asís, mientras que una curiosa imagen del Niño Jesús y San Juanito ocupa el ático.
“Además, el fin de todas las cosas está cercano. Así pues, sed sensatos y sobrios para la oración. Ante todo, mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados”
I Pedro 4, 7-8

Hemos recorrido casi la totalidad del templo y estamos seguros de que habrás descubierto temas y figuras que quizás desconocías, pero nos queda contemplar el retablo mayor dedicado a San Pedro, a quien está consagrado el templo. El Apóstol San Pedro es patrono de marinos y pescadores, lo cual nos recuerda la remota dedicación marinera de esta villa.
La hornacina central de este sencillo retablo barroco lo ocupa la imagen de San Pedro representado como humilde pescador, sujeta las llaves del Cielo en su mano izquierda y parece bendecir con su diestra. Escoltándolo podemos distinguir las tallas de los Santos Mártires, San Emeterio y San Celedonio, portando la palma del martirio y con uniforme militar, ya que ambos hermanos militaban en las legiones romanas. Al convertirse y profesar públicamente su Fe en Cristo fueron decapitados a finales del siglo IIIen tiempos de Diocleciano. Posteriormente con el fin de protegerlas de las incursiones árabes, sus reliquias se trajeron a Cantabria y desde entonces se veneran en la Catedral de Santander, siendo desde aquellos tiempos patronos de la Diócesis de Santander y de la Villa de Noja, siendo el nombre de Santander una derivación de San Emeterio.
En el cuerpo superior podemos distinguir de izquierda a derecha la efigie del discípulo amado, el Apóstol San Juan con capa roja y el Evangelio en sus manos. En la parte central se hallan las tallas del siglo XVII, la Inmaculada Concepción y San Diego de Alcalá, quien fuera fraile franciscano muy popular en vida entre los más humildes y congregó ante su sepulcro a los más poderosos invocando su intercesión. La imagen última corresponde a un santo sin documentar.
Coronando el conjunto, sobre un fondo de tonos azulados donde se representa a la ciudad de Jerusalén, podemos distinguir a Cristo crucificado. Cristo murió por nosotros y en su muerte quedamos salvados y justificados. Y en la parte inferior del retablo parece pasar inadvertidoel mayor tesoro que podemos encontrar en este templo, la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado. En su puerta, se puede distinguir un medallón donde se representa la escena de Jesús con Marta y María en Betania.
“Nuestra salvación es don gratuito de Dios y de su amor incondicional por nosotros”
No nos queda mucho más que contarte. Esperamos que tu visita haya sido grata, pero, antes de abandonar el templo para seguir tu camino, te invitamos a tener un rato de recogimiento y oración, en la soledad a los pies del Santo Cristo o en su presencia real frente al Sagrario.
Ponemos a tu disposición algunas oraciones que quizás te puedan ayudar en estos momentos de interiorización. Del mismo modo, puedes profundizar en la vida de los Santos situados en los retablos gracias a los diversos enlaces del texto.
Al salir podemos volver a contemplar la espléndida torre, sobre todo en su último tramo, una de las más destacadas del barroco de Cantabria. Un Visitador de la Diócesis de Burgos, a finales del siglo XVII mandó que se hiciera más alta para que pudiera ser vista desde los barrios más alejados, figurando así en el escudo de la Villa de Noja.
“La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”
Evangelio del día. EVANGELIZO / IBREVIARY
ROSARIO / VIA CRUCIS / VIA LUCIS
Oraciones para el Camino de Santiago
MISAS
Domingos y festivos: 12:00 | Laborables: 19:00
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«Ahora permanecen estas tres cosas; la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la CARIDAD.» (1 Cor. 13, 13)
Si puedes mucho; mucho. Si puedes poco; poco. Si no puedes nada; nada.
CUANDO SALGAS DEL TEMPLO, HAZ TU DONATIVO. DIOS TE BENDIGA.
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ORACIÓN A CRISTO
Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia, te ruego con el mayor fervor, imprimas juntamente en mi corazón, los sentimientos de fe, esperanza y caridad, dolor de mis pecados y firmísimo propósito de no ofenderte jamás.
Mientras que yo, con gran amor y compasión, voy considerando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Ti, ¡Oh Dios mío! El santo profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.
SONETO A CRISTO CRUCIFICADO
No me mueve, mi Dios, para quererte el Cielo que me tienes prometido ni me mueve el Infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor. Muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas, y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera Cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera Infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.



