En la parte más elevada de Isla, dominando su casco histórico, se alza la iglesia parroquial dedicada a los Santos Julián y Basilisa a la cual has llegado rebuscando en las tradiciones familiares, siguiendo una búsqueda espiritual o simplemente atraído por los extraordinarios parajes que nos rodean. Te damos la bienvenida y te invitamos a visitar este magnífico templo, quizás el más destacado ejemplo de iglesia de planta de salón en Cantabria.
Antes de acceder al templo, contempla la monumental portadaprincipal compuesta de cuatro pisos e inspirada en los tratados de la época. Sobre la puerta hay dos hornacinas con las imágenes, un tanto deterioradas, de los santos patronos del templo. Sobre ellas, el escudo arzobispal y culminando el conjunto, una representación de la Asunción de María entre dos ángeles. El conjunto está enmarcado en un gran arco de medio punto y rematado por un frontón triangular. Su estilo responde plenamente a concepciones barrocas.
Ahora te contaremos un poco de historia antes de adentrarnos en este lugar rebosante de arte y espiritualidad. En los documentos conocidos más antiguos -datados en 1210- ya se tiene conocimiento de que el medieval monasterio de Isla estaba bajo la advocación de San Julián, Santo Patrón de Auvernia, en el entonces Reino de Francia. Su culto se extendió por el Camino de Santiago, destacando su carácter monacal. Junto a la iglesia se encuentra el antiguo Hospital de Peregrinos de San Julián cuyo origen se remonta al siglo XVI. Isla fue lugar de paso del Camino de Santiago hasta que su trazado fue modificado por Arnuero, dejando este albergue hospital de peregrinos en desuso hasta hace dos años, cuando el Ayuntamiento lo volvió a poner en uso para los peregrinos que pasen por Isla.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”
San Mateo 11, 28-30
El templo actual fue erigido en los albores del siglo XVII sobre el templo anterior y la obra fue promovida por el arzobispo de Burgos, Juan Fernández de Isla, dando así solución al pleito suscitado entre el Concejo y los Condes de Isla, familia a la cual pertenecía.
El cuerpo muestra una “planta de salón” o hallenkirche, con tres naves de la misma altura divididas en cuatro tramos, con robustas columnas octogonales que sostienen las bóvedas de crucería creando un conjunto que nos envuelve. Sus dimensiones impresionan. La armonía del espacio y la altura de sus naves convierten este templo en uno de los ejemplos más relevantes de la arquitectura religiosa de Cantabria.
Inicia la visita del templo por la nave de la epístola, situada a la derecha de la entrada principal. En su cabecera se encuentra el retablo de la Crucifixión donde, sobre el dibujo de tonos azulados de la ciudad de Jerusalén, descubrimos la sobria talla de “Cristo Crucificado”. A su izquierda está acompañado por una sencilla imagen de la Virgen de los Dolores, la Madre del Señor doliente ante la Pasión y Muerte de su hijo, mientras que a su derecha advertimos a Santa María Magdalena, icono de esperanza, por ser la primera persona que contempló al Resucitado.
En nuestro país y en todo el orbe católico es muy común la veneración a “Cristo Crucificado”. El pueblo ha sabido que el anuncio cristiano está anclado en una cruz y que en ella Jesús nos libró del pecado y de la muerte dando su vida por nosotros. En el banco aparece la imagen de Santa Filomena, venerada con gran devoción por las gentes de Isla cada 11 de agosto.
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”
San Juan 3, 16
A su derecha se encuentra el retablo de San Antonio de Padua, uno de los pocos santos al que se le representa con el Niño Jesús en brazos. La talla principal está acompañada por las imágenes de San Joaquín y Santa Ana, padres de María y por tanto, abuelos de Jesús, mientras que a sus pies vemos un tabernáculo semicircular de dos cuerpos a modo de pequeño retablo. El primer piso presenta la Resurrección de Cristo en la puerta del sagrario, flanqueado por las imágenes de San Pedro y San Pablo, mientras que en el cuerpo superior distinguimos un Ecce Homo entre Santo Domingo y San Francisco. Una Inmaculada Concepción acompaña el conjunto.

Después de este recorrido por la nave de la Epístola, llegamos a la cabecera del templo. Aquí se encuentra el retablo mayor dedicado a San Julián y Santa Basilisa. Para admirarlo en detalle, te invitamos a que tomes asiento en los bancos delanteros o lo contemples desde las escaleras que dan acceso al altar. Este magnífico retablo, realizado a finales del siglo XVII entre 1689 y 1697, destaca por su esbeltez y sus fastuosas columnas salomónicas, adaptándose a la perfección a los muros del ábside. La estructura consta de banco, cinco calles y ático. Comencemos por la parte inferior, denominada banco, en la que descubrimos los relieves de “La Última Cena”, “La Oración en el Huerto”, “El Prendimiento” y “La Entrada en Jerusalén el Domingo de Ramos”. Son emotivas escenas pertenecientes a la Pasión del Señor.
En las calles laterales se entrelazan seis escenas correspondientes a la Infancia y Pasión de Nuestro Señor. Los relieves de “Epifanía del Señor” o adoración de los Magos, “La Huida a Egipto” y “El Descendimiento” ocupan de abajo a arriba la calle izquierda; mientras que en la calle derecha se representa “La Adoración de los pastores”, “La Flagelación del Señor” y una de las tres caídas de Jesús camino del Calvario.
Las figuras sedentes de los Cuatro Evangelistas se encuentran junto a las columnas extremas del primer y segundo cuerpo. Por su parte, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo, Doctores de la Iglesia,estánen los netos del ático.
En el primer cuerpo, flanqueada por las esculturas de San Pedro y San Pablo, se halla el sagrario-tabernáculo, original pieza exenta a modo de baldaquino cupulado que se sitúa delante de un vano abierto en la sacristía proporcionando luminosidad al conjunto. Sobre el tabernáculo podemos observar la representación de la Fe, mientras que en la parte inferior destaca el relieve de Cristo Resucitado.
El Arcángel San Miguel y el apóstol San Juan acompañan en el segundo cuerpo a los Santos esposos a quienes está consagrado el templo. Las efigies de San Julián y Santa Basilisa ocupan las hornacinas centrales y portan la palma, símbolo de su martirio acaecido en Antinoópolis, Egipto, durante la persecución de Diocleciano. Desde aquellos tiempos son ejemplo para las familias cristianas por su estilo de vida en el seguimiento a Cristo.
Por último, coronando este magnífico conjunto puedes admirar la bella y delicada imagen de la Asunción de María que representa el momento en el que la Virgen María, al final de su vida, es llevada al Cielo en cuerpo y alma. Seis ángeles la transportan a la Gloria y la coronan como Reina de los Cielos. El ático se remata con la figura del Padre Eterno, representado como un anciano con barba cana y coronado por un triángulo, que sujeta una esfera del mundo, mientras que con su diestra nos bendice levantando tres de sus dedos. Se trata de todo un cúmulo de signos trinitarios.

“Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento y perseveren en la oración”
Romanos 12, 12
Después de este descanso, proseguimos nuestra visita dirigiéndonos a la nave del Evangelio. En su cabecera, tras la sobria verja de hierro, se encuentra la capilla del Santísimo, donde están los enterramientos de la familia de los Condes de Isla. En el muro norte se halla el monumental sarcófago donde destaca el escudo de armas del Arzobispo Fernández de Isla. Presidiendo la Capilla del Arzobispo y de la Casa de Isla podemos advertir el retablo dedicado a San Juan Bautista en cuyo ático advertimos “La Visitación” de María a su prima Santa Isabel, la madre del Bautista. La escena está flanqueada por los doctores de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino y Santa Teresa de Ávila.
El esplendido relieve central representa “El Bautismo de Cristo”, a cuyos lados se hallan las figuras del San Bartolomé, sometiendo a un demonio bajo sus pies, y San Juan de Sahagún. Mientras, en la parte inferior del conjunto, distinguimos la escena de “La Degollación del Bautista” y a Salomé mostrando la cabeza del Bautista en el banquete de Herodías. Delante de este atrayente relieve, parece pasar inadvertido el mayor tesoro que podemos encontrar en este templo, la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado.

“Jesús está vivo en medio de nosotros, Él es el mismo ayer, hoy y siempre”
Vamos acabando nuestra visita donde hemos aunado arte y fe. Queda por ver, en esta misma nave del Evangelio, el retablo de San Martín de Tours, que aparece revestido con indumentaria episcopal, ocupando la hornacina central, y es escoltado por San Francisco de Asís y San Jerónimo. San Ramón Nonato patrón de las embarazadas corona el conjunto. A su lado se encuentra el retablo de Nuestra Señora del Rosario, cuya efigie preside el conjunto. A su lado Santo Domingo de Guzmán, fundador de los Dominicos y Santa Teresa de Jesús. San José sosteniendo al Niño en sus manos acompaña al conjunto.
Ya en el segundo tramo, se puede contemplar un sencillo retablo de estilo rococó dedicado a Santa Catalina de Alejandría, a cuyo lado está la talla de Santa Joaquina Vedruna, fundadora de las Carmelitas de la Caridad, y cuya orden fundó un colegio en esta villa de Isla en 1884.
No nos queda mucha más que contarte. Deseamos que tu visita haya sido grata, pero antes de abandonar el templo para seguir tu camino por tierras cántabras, te invitamos a tener unos momentos de recogimiento y oración ante la presencia del Señor frente al Sagrario. Para ello, ponemos a tu disposición algunas oraciones que pueden ser útiles y diversos enlaces para profundizar en la vida de los Santos que componen los retablos.
“Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo”
San Julián
Evangelio del día. EVANGELIZO / IBREVIARY
ROSARIO / VIA CRUCIS / VIA LUCIS
Oraciones para el Camino de Santiago
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«Ahora permanecen estas tres cosas; la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la CARIDAD.» (1 Cor. 13, 13)
Si puedes mucho; mucho. Si puedes poco; poco. Si no puedes nada; nada.
CUANDO SALGAS DEL TEMPLO, HAZ TU DONATIVO. DIOS TE BENDIGA.
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BENDICIÓN DE LOS PEREGRINOS
Oh Dios, que sacaste a tu siervo Abrahán de la ciudad de Ur de los Caldeos, guardándole en todas sus peregrinaciones, y que fuiste el guía del pueblo hebreo a través del desierto, te pedimos que, por intercesión de San Julián y Santa Basilisa, te dignes guardar a estos hijos tuyos que, por amor de tu nombre, peregrinan a Compostela.
Sé para ellos compañero en la ruta, guía en las encrucijadas, aliento en el cansancio, defensa en los peligros, albergue en el camino, brisa suave en el calor, abrigo ante el frío, luz en la oscuridad, consuelo en sus desalientos y firmeza en sus propósitos para que, con tu ayuda, lleguen incólumes al término de su camino y, enriquecidos de gracias y virtudes, vuelvan sanas y salvos a sus casas llenos de perenne alegría. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos.
Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!
Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.
ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
Madre en el cielo, tú eres esplendor que no ensombrece la luz de Cristo, porque vives en él y para él. Tú eres la inmaculada, eres transparencia y plenitud de la gracia.
Aquí estamos, pues, tus hijos, para buscar amparo bajo tu materna protección e implorar confiados tu intercesión ante los desafíos ocultos del futuro.
Te encomendamos a todos los hombres, comenzando por los más débiles: A los niños que aún no han visto la luz y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento; a los adolescentes rebeldes; a los jóvenes en busca de sentido, a las personas adultas que no tienen empleo y a las que padecen hambre, olvido, violencia y enfermedad.
Te encomendamos a las familias rotas, a los ancianos que carecen de asistencia y a cuantos están solos y sin esperanza.
Abre nuestros corazones a la justicia y al amor, y guíanos hacia una comprensión recíproca y hacia un firme deseo de paz. Amén.